Cuatro Propuestas

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CUATRO PROPUESTAS. M.A.S.S.

Marzo 2001.

Mucho hemos avanzado en los últimos años para que Chile sea una nación hermanable y próspera; una en que todos tengan acceso a los bienes indispensables para el desarrollo personal.

La mortalidad infantil descendió, la propiedad y el consumo se han extendido[1], la educación se ha masificado, los militares votan, la igualdad permite más interconectividad, el país ha crecido, ninguna etnia ni clase tiene el privilegio de la belleza. En síntesis, somos más democráticos y menos pobres.

Sin embargo, los avances están detenidos, marcamos un poco el paso y no avanzar, hoy en día, es retroceder. Lo peor es que tenemos la falsa expectativa de que las cosas puedan mejorar sin cambiar nosotros y, en especial, sin reformar nuestro lugar de trabajo.

Necesitamos un movimiento social para la reforma de la empresa.

La modernización productiva se ha ligado a la tecnología y casi se ha hecho un sinónimo de la instalación de computadores, dejando en segundo término al factor humano. La productividad hoy día, en la sociedad globalizada donde las máquinas son abundantes, requiere que la organización obtenga el máximo aporte de cada uno de sus miembros para que la calidad y los costos de los bienes y servicios que produce sean óptimos. Ello sólo sucederá si los trabajadores participan en la gestión de la empresa y reciben los beneficios de tal aporte, sea en utilidades o en acceso a la propiedad; se trata de una gestión compartida, de un acuerdo en que cada uno aporta lo máximo y recibe su justa parte. Se trata de ponerse la camiseta, mojarla, ganar la competencia y recibir los premios.

La gestión de una empresa permanentemente requiere: conocer su demanda, vincularse con otras empresas que cooperan con la propia, evaluar la propia oferta y rediseñar la misma, buscar proveedores de los insumos más adecuados (incluyendo los recursos normativos que regulan el mercado), vender su producción. En la gestión compartida cada trabajador aporta multidimensionalmente a este proceso continuo y no sólo desempeña un puesto o tiene un cargo; no reconocerlo y no gratificarlo es una pérdida para la empresa. En síntesis, la capacidad de emprender es de todos los trabajadores y no exclusivamente de los jefes y, en la medida que la gerencia la reconozca y estimule, la empresa se hará más competitiva. Dado que todos están de acuerdo que la retribución del trabajador depende de la productividad, nadie puede negarse a la participación del trabajador en la mejoría de la misma a través de su involucramiento en la gestión.[2]

La Reforma de la Empresa no será el resultado de una ley, sino de un movimiento de los trabajadores que, en beneficio del bien común, genere un nuevo acuerdo; la ley será el resultado de ese movimiento.

El movimiento, hoy día, ya emerge. Un ejemplo del mismo es la lucha de los trabajadores de la fábrica de helados LB para, junto con el empresario, negociar los pasivos de la empresa con la banca.

La empresa pública tiene una tradición de estabilidad relativa de sus puestos de trabajos o propiedad del cargo como se dice, cuyo título se pierde vía sumario, sólo por falta grave a los intereses de la empresa.[3]. Dado lo anterior y la importancia de las empresas públicas chilenas en el desarrollo del capital humano es muy significativo que el movimiento de reforma se desarrolle en las empresas públicas de educación, salud, justicia y seguridad; ellas aportan servicios para que los chilenos seamos sanos, educados, pacíficos y seguros. Los movimientos gremiales de esas organizaciones demandan compartir la gestión, pero aún las reformas o modernizaciones, como también se llaman, contemplan poco el aporte de todos los estamentos; el tradicional verticalismo lo impide. Las políticas descentralizadoras de las empresas públicas pueden facilitar la gestión compartida porque las decisiones se acercan territorialmente a los colectivos productivos. En las empresas privadas también hay una tendencia a la estabilización de su personal calificado y a descentralizar las decisiones en sub-unidades.

Un movimiento por la reforma de la empresa para la mayor productividad mediante la equidad para crecer debe luchar por una institucionalidad de los mercados que premie la eficiencia; lo anterior vale tanto para la empresa pública como privada. Una situación que requiere un diseño especial tiene relación con las empresas que por su carácter de monopolio u oligopolio, tienen una rentabilidad asegurada mediante precios fijados por la autoridad pública; tal privilegio debe ser retribuido a los usuarios. [4]

Necesitamos Empresas Financieras que presten adecuados servicios a las organizaciones productivas, especialmente a los pequeños empresarios.

El sector financiero aporta un insumo básico para la modernización productiva, el dinero. La pequeña o microempresa, urbana u rural, necesita una banca especializada, pública y privada para atenderla; desgraciadamente el acceso al mercado de capitales es muy dificultoso para ella. Cientos de millones de dólares, de los ahorros de todos los chilenos, van a pocas grandes empresas, muy poco a las miles de pequeñas.

Por otra parte, dado la apertura de la economía chilena, las políticas han privilegiado el apoyo financiero a la empresa dedicada al mercado externo con variados instrumentos. Sin embargo, el motor del crecimiento de la economía chilena no solamente son las empresas dedicadas al mercado internacional pues el costo de los bienes o servicios que se exportan, dependerán de la calidad y precios de los insumos que dichas empresas requieran y muchos son aportadas por organizaciones que producen para el mercado interno; la eficiencia de la escuela, de la posta o del tribunal, así como la del productor de lentejas, de pan o de casas, permitirán aumentar la competitividad de las empresas exportadoras.

La democratización del crédito, que contribuirá a democratizar la propiedad, resultará de un movimiento social tanto de los consumidores como de los productores; los primeros demandando los nuevos servicios y aprendiendo a usarlos para el desarrollo humano y los segundos diseñándolos. El movimiento de los trabajadores bancarios, tanto privados como públicos, con su larga tradición gremial y en el contexto de una gestión compartida de las organizaciones de servicios financieros deberá aportar decisivamente a este proceso.

Necesitamos que nuestras empresas ocupen sustentablemente nuestra tierra y para ello evitar, sobre todo, la amenaza de la urbanización insana.

Los aumentos de la productividad que necesitamos como país, deben ser hechos por miles de empresas renovadas, pero sin dañar el territorio y su gente; sería pan para hoy y hambre para mañana. Cuando vemos que la ciudad de Santiago por causas de la concentración productiva no tiene aire para respirar, cuando rota su sociabilidad aflora la delincuencia[5]; debemos preocuparnos tanto de salvar a Santiago como de no imitarla.

Las grandes ciudades son un fenómeno típico del subdesarrollo. Las mayores ciudades del mundo están en los países pobres, como si fuese una manera de aumentar la productividad a costa de dañar el ambiente y la sociabilidad.

El proceso de regionalización ha intentado una ocupación más armónica del territorio sin embargo, no se ha detenido el crecimiento relativo de Santiago y sí ha inducido que las capitales regionales junto con “comerse” las comunas de su entorno, empiecen a dañar su propio ambiente geográfico y social. En la novena región, un movimiento de asociación de comunas de las zonas costa y lacustre, cuya geografía física y humana las hace afines, promete una descentralización de verdad con la creación de nuevos polos que detengan el centralismo intra regional.

La institucionalidad pública regional chilena, con intendentes mirando al centro, porque desde allí les viene su fuerza, debe ser balanceada por un fortalecimiento de las comunas, creación de nuevas y asociación entre ellas. Lo anterior acentuaría la actual cooperación entre las comunas que no son las capitales de regiones. Elegir, como algunos proponen, un intendente mediante voto directo acentuaría el centralismo regional y nacional, en cambio una multiplicación y fortalecimiento de la comuna en todo Chile, con fuertes liderazgos populares, permitiría constituir muchos polos políticos territoriales que “le harían el peso” a un Santiago que se ahoga en su “obesidad”, permitiendo así salvarlo.

Para llevar a cabo la tarea de crear nuevos centros territoriales,  más pueblos que sean ciudades, se requiere apoyar el movimiento social localista.

Necesitamos más humanismo para una nueva política.

 

“Sobre nosotros, solo el cielo”…..”above us, only sky”. (imagine)

Para mejorar nuestras comunidades y avanzar como nación, necesitamos más humanismo: reconocer a la persona humana como el valor ordenador de nuestra conducta. Sin embargo aún nuestros conflictos civiles hablan de una ceguera para ver el valor del otro, su dignidad particular.

La persona humana, toda persona humana, siempre esta tensionada para alcanzar un bien más allá de sí misma, perennemente está en camino a su trascendencia, a su fe, a su propio lugar de inmenso bien que lo atrae y ordena y para la cual vive, el corazón de cada uno es una flecha lanzada hacia lo que ama. La buena vida humana, vía crisis, consiste en un progresivo develar la propia utopía en medio de la comunidad portadora de la tradición del bien antes revelado o depositado. La buena muerte se debería alcanzar cuando la acumulación de buena vida se ha completado; lo dijo el salmista: “enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría”, (salmo 90-12) Las personas construyen socialmente sus utopías y socialmente crean las condiciones para cambiar el mundo, para alcanzar uno mejor. Los conflictos interpersonales y sociales no son más que el choque de bienes parciales que buscan nuevos acuerdos.

Los movimientos políticos deben construir mejores acuerdos para permitir a los ciudadanos conseguir el bien común de la reciprocidad: a cada uno según su aporte; sólo así podrá haber justicia y paz, bases de una prosperidad sana para todos.

P  Para evitar el “consumismo”, el más de consumo de lo mismo, se requiere nuevas ofertas  para la demanda insatisfecha de “inmanencia trascendental” y ello depende de nuevas o renovadas empresas.

[2] . El portero de una empresa escuchando a los clientes, sus expectativas de consumo cuando entran y sus comentarios evaluativos del bien o servicio recibido cuando salen, puede aportar a los continuos estudios de mercado

[3] Otra cosa es que la estabilidad relativa se haya transformado, por fallas de la gerencia pública, en estabilidad casi absoluta permitiendo la permanencia de trabajadores improductivos que dañan la empresa. Pero más grave aún es la existencia de gerencias rigurosas con los trabajadores de menores grados y que tienen manga ancha con los profesionales y ejecutivos.

[4] ¿Por qué no podría yo consumidor de agua potable, en la misma boleta de pago, comprar acciones de ESSAR, (actual Aguas Araucanía)  y así hacerme partícipe de las ganancias que yo mismo aseguro? Si invierto en la propiedad puede ser que me salga gratis el agua y si ahorro agua recibir dinero.

[5] “La proliferación de conductas antisociales es un fenómeno provocado por el tamaño de las ciudades y no tiene ninguna vinculación con el nivel de ingresos”…”una demostración de ello sería el surgimiento de las pandillas juveniles como un fenómeno sociológico desligado de la renta y que existen aún en los grupos más acomodados”. Edmundo Hermosilla, en editorial del Diario el Mercurio del 18 de Junio de 1996.


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