El Presente Chileno Mapuche
El PRESENTE CHILENO MAPUCHE
Miguel Angel Solar
(Escrito por ahi por 1993)
Los últimos 30 años, el presente de Chile, han sido de sucesivas revoluciones. La nación se ha visto conmovida por variadas y radicales propuestas. Sus diversos grupos sociales han concurrido al escenario social con programas de profundos cambios que nos han puesto en medio del disenso. Pero finalmente, la guerra declarada por algunos, no fue aceptada por los otros, y merced a ello, hoy día podemos avizorar una paz duradera. Cuando este reciente camino se iniciaba, un hombre nacido y criado en las orillas del Maule, el Cardenal Raúl Siva Henríquez, lanzó una palabra profunda de unidad, llamando a reconocer los tres rasgos que „configuran decisivamente nuestra fisonomía espiritual, revelando, a su través el designio de Dios para nosotros“ (…) “El primado de la libertad sobre toda forma de opresión“ (…) “el primado del orden jurídico sobre toda forma de anarquía y arbitrariedad“ y (…) “el primado de la fe sobre toda idolatría[1]. Para hablar del presente chileno mapuche parace fructífero aportar reflexiones sobre los tres rasgos que, según Raúl Silva conforman el “Alma de Chile“.
“El primado de la Libertad sobre toda forma de Opresión“
Dice Raúl Silva Henríquez, “hay algo en nuestra alma, en nuestro inconsciente colectivo que nos urge a rechazar, como extraño al cuerpo social, todo aquello que signifique subyagar la persona o la nación a poderes extraños a ella misma. Expresémoslo en forma positiva: en el alma de Chile se da como componente esencial, el aprecio y costumbre de la libertad individual y nacional, como el bien supremo: superior, incluso, al de la vida misma“[2].
La estructura de la libertad personal es una moneda de dos caras, una nos dice que podemos elegir y la otra incita a optar por lo mejor. Si quedásemos permanentemente indecisos nadie nos diría libres, sino paralizados, si puestos en movimientos decidiéramos lo peor en vez de lo mejor posible, nadie nos diría libres, sino necios. Así funciona la libertad y lo hace para que cumpla su finalidad: permitir el despliegue de las potencialidades humanas, por ello la libertad va acumulando frutos, actualizando nuestras potencias, base a su vez de nuevas posibilidades.
En la dinámica del ejercicio de la libertad hay un acto que por lo común, valioso y trascendente, seguramente es la práctica más significativa de la libertad, se trata de la elección de pareja, el encuentro hombre-mujer, elección de dos para el mutuo compromiso de ofrecerse el gozo de los máximos bienes.
La elección consumada genera los frutos filiales y con ello la famila. No importa la forma particular de familia de cada cultura, siempre ella representa el depósito de la Libertad. Cuando la familia es grande y fuerte la libertad está protegida, cuando la familia se desintegra „la persona es subyugada“ por los tiranos económicos o políticos.
Ahora bien, hacia dónde debemos mirar los chilenos si queremos fortalecer „el primado de la libertad“, pues hacia nosotros mismos, hacia nuestras raíces indígenas mapuches, cuya sociabilidad, por gracia de su geografía y de su historia, „por designio de Dios para nosotros“, se constituyó sobre la base de poderosas y extensas familias. Ellas se relacionaron entre sí sin la mediación de una autoridad estatal, salvo, cuando su sobrevivencia los obligaba temporalmente a designar un Toqui para rechazar mediante la guerra, todo lo “extraño al cuerpo social“. Algo de esto sucedió en las últimas décadas, nuestra crisis nacional nos condujo, como natural e inconsciente reacción, valorar la familia como lugar para la libertad.
Si quisiéramos buscar inspiración presente para evitar que la nación caiga bajo „poderes extraños“ sean que estos invadan por las fronteras cuidadas o por los mercados abiertos, debemos también recordar que son las familias mapuches, quienes tienen la experiencia de siglos para mantener la autonomía; quizás nos enseñen que una nación es imposible de dominar por fuerzas externas, si no existen dominios internos que debiliten su unidad.
Para que el propósito del Cardenal se cumpliese, deberíamos poder decir: “el primado de la libertad sobre toda forma de opresión“ se logrará si alcanzamos el primado de las familias sobre toda forma de estado.
“El primado del orden jurídico sobre todas las formas de anarquía y arbitrariedad“
El Derecho expresa una propuesta de orden social respaldado por un Estado, el cual es, en una feliz definición, ‚Quien exige para sí, con éxito, el uso de la violencia física legítima’. Es decir la violencia aceptada justa por todos, incluso por los que la sufren, y aplicada por los órganos especializados de ese estado, los tribunales y los cuerpos armados.
Dos cosas transcurren en el presente de Chile que producen grave inquietud. Por una parte la norma jurídica y la violencia que la respalda son percibidas como distantes por la mayoría, y muchas veces ilegítimas o arbitrarias como fuente ordenadora de la convivencia social; y por otro lado, nace una violencia no estatal asumida por aquellos que reivindican para sí la negación del actual orden jurídico como regulador de la economía y de la política.
Ante las circunstancias señaladas es posible fortalecer el Estado, hacer la norma más precisa y amplia y la coerción más intensa; más y mejores leyes, tribunales y policías. En los últimos años hemos aplicado esta receta y, sin pretender descartarla, aceptemos que algún escepticismo nos invade, porque sentimos que estamos usando un remedio contra los síntomas de la enfermedad y no contra las causas de la misma. Tal vez debemos empezar desde el principio y preguntarnos si estos síntomas de “anarquía“ no son producto de las “arbitrariedades“, y a su vez la “anarquía“ en ascenso no obliga al estado a aumentar las “arbitrariedades“. ¿No estamos viendo cómo la cárcel lleva más delincuencia, la búsqueda de sospechosos entre los jóvenes lleva a más jóvenes sospechosos y así en un círculo viciosos? ¿Habrá otro camino?
Quien aplica el Derecho, se supone busca la justicia o sea dar a cada uno lo que corresponda, la norma jurídica le sirve para ello; así se zanja la cuestión en litigio. Pero es obvio que antes que se acuda a buscar justicia hay un espacio previo, físico y temporal, en el cual el conflicto se puede resolver por el Acuerdo, por ello la sentencia de un juez es expresión del fracaso del previo acuerdo. Si Salomón hubiese logrado, antes de levantar la espada, el acuerdo entre las dos mujeres que reclamaban como propio el hijo, éste habría tendo una madre y una comadre.
Por qué no adquiere toda su fuerza aquel aforismo jurídico “más vale un mal acuerdo que un buen juicio“. Quizás porque atribuimos al acuerdo la calidad de transacción en que los dos pierden algo, sin considerar que lo que ambos ceden se ve inmensamente compensado por lo que ambos ganan, la mantención de la relación, base de otros futuros intercambios; económicos, intelectuales, afectuosos. Pero para adquirir claridad y firmeza en este aspecto debemos aceptar que el individuo no es más que un modo particular de relacionarse, que somos nuestras relaciones, y no nuestras razones, la tradición cultural mapuche nos acerca a ello.
Ya se ha dicho antes, nuestra población indígena tiene un sistema de producción y una sociabilidad basada en la existencia de familias interrelacionadas en un plano horizontal, las cuales se coordinan en múltiples instancias económicas, sociales y rituales, pero que no desarrollan representación significativa. La cohesión social, o mejor dicho la armonía social, está dada por el respeto a las reglas culturales éticas, al ad-mapu mapuche, que centra las relaciones interpersonales e interfamiliares en el principio de la reciprocidad. Cuando este código moral se transgrede y el conflicto aparece, la cultura cuenta con mecanismos de presión social que fuerzan la búsqueda del Acuerdo y la recuperación de los circuitos de la reciprocidad. Quizás el más notable de ellos fuese la envidia, entendida como la reacción natural, aunque dolorosa, a la transgresión en que incurre, quien acumula riqueza excesiva y ésta no contribuye al progreso de todos. La envida de unos, generada por el éxito no compartido de los otros, produce en el individuo una soledad, y una pérdida de las nutritivas relaciones interpersonales, que lo ponen en riesgo de enfermarse e incluso morirse. Más adelante, en el capítulo del futuro, veremos cómo la cultura médica mapuche contribuye decisivamente al primado de la reciprocidad.
Para un chileno no mapuche es relativamente fácil asomarse a comprender la regla de la reciprocidad, bastaría recordar la regla de oro de la ética judeo-cristiana: “lo que no quieras que te hagan no se lo hagas a los demás“[3], o “así pues, hagan ustedes con los demás, como quieran que los demás hagan con ustedes, porque esto es lo que mandan la Ley y los Profetas“[4] (Mateo 7 – 12). Pero a este mismo chileno no mapuche le será más difícil apreciar la envidia como síntoma, doloroso para el envidiado, de ruptura de los equilibrios sociales. Podrá compartir algo de esa función si reconoce, en el tan vilipendiado “chaqueteo“, el reclamo de los de abajo por el ascenso individualista de los de arriba. Tal vez por esta estigmatización de la envidia, desconociendo la naturaleza relacional de la misma y su potencialidad de control del individualismo, usamos muchas veces el término “sana envidia“; en este último caso, el sano envidioso busca mantener una relación empática con el sano envidiado, y viceversa, así todos progresan.
Si le damos un papel menos importante al estado y por ende al orden jurídico y uno mayor a la cultura del acuerdo y la reciprocidad, si tratamos de cultivar la sana envida, si tenemos como máximo objetivo mantener la relación, estaremos siguiendo el ejemplo mapuche. No olvidemos que ellos preservaron su soberanía durante varios siglos sobre la base de un orden moral que unía la sociedad sin necesidad de estado, y que finalmente llegaron a un acuerdo con el adversario del Norte para acabar con la guerra y dirimir sus diferencias en forma política.
“La primacía del orden jurídico, sobre toda forma de arbitrariedad y anarquía“, supone la primacía del orden de la reciprocidad sobre el orden jurídico, de lo moral sobre lo legal, de la relación interpersonal sobre la razón individual.
“El primado de la fe sobre todas las formas de Idolatría“
“No una fe cualquiera, sino específicamente la fe bíblica que conforma toda la gran tradición judeo-cristiana“[5].
Empecemos por recordar aquella fe específica cuyo primado reivindica para Chile nuestro Cardenal Silva. Hagámoslo citando las palabras iniciales de esa tradición: “En el principio creó Dios, los cielos y la tierra“[6] y después el día sexto, antes de descansar, finalizando su obra, el Señor dijo “hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semenjanza“[7] y agrega “ y creó Dios al hombre, a imagen de Dios los creó, varón y hembra los creó“[8].
La tradición judeo-cristiana pone en el inicio de la realidad a Dios, al creador, El nos hizo a su imagen y semenjanza. Mirémonos a nosotros mismos, contemplemos nuestra humanidad, toquemos lo más profundo de ella, así estaremos mirando, como en un rústico espejo, al Dios de la tradición judeo-cristiana, El dijo, en la palabra bíblica, que nos había hecho a Su Imagen, a Semejanza de El.
Muchos pueden sentirse ajenos a la visión que el Génesis dá sobre el origen del hombre. Pues bien digámoslo de otra manera: el hombre nació en la historia de la evolución cuando la química de su conciencia tuvo una mutación y pudo imaginar o ver una realidad más allá de sí mismo y de toda realidad sensible, semejante a él, pero infinitamente más que el, un bien absoluto sin carencias y cuya aparición comenzó a actuar, de manera inevitable, como crítico permanente de su acontecer, medida de su progreso, guía de su proyectos. A ese ser colocado más allá, fue preciso y práctico, contemplarlo, y en la medida que facilitaba y hacía progresar la vida humana rogarle y agradecerle. En síntesis el hombre fue tal, sólo cuando imaginó o descubrió a Dios. ¿Se puede imaginar lo que no tiene existencia alguna, se puede escuchar lo no imaginado?.
La fe en la existencia de un bien más allá de nosotros y de todo, funda la realidad humana, porque sólo ello nos agrega un plus a los instintos y hace de la libertad un elegir real.
Todo hombre y toda cultura tienen su Dios, semejante a él o a ellos, pero inmensamente más.
Cuando preguntemos al otro por su Dios estamos interrogando por su propio Bien Superior, aquél que lo hace estar “eternamente insatisfecho“, angustiado por su finitud, motor de su historia.
El mundo occidental europeo del cual Chile se siente parte ha experimentado en los últimos siglos una fuerte tendencia a negar la primacía de la fe, no sólo de la judeo-cristiana. Momento significativo de esta corriente ha sido la concepción cartesiana, la primacía del pensar, “yo era una substancia cuya total esencia o naturaleza es pensar, y que no necesita para ser, de lugar alguno ni depende de ninguna cosa material“[9]; Descartes al hacerlo ponía en menos la imaginación, el sentimiento y la gracia y con todo ello, la fe en algún Dios. Hacer de la reflexión cartesiana consigna de una cultura, condujo al individualismo y al racionalismo y sus progresos, pero también a que alguien a fines del siglo pasado constatase que Dios había muerto, que no había ningún plus sobre los instintos y que llevando éstos al máximo posible, especialmente la voluntad de poder, se llegaría al Superman…, el de la historieta, acaba de morir.
Es casi una obviedad, en el mundo moderno Dios está poco presente, los edificios tapan las torres de los templos y el séptimo día es para comprar, la fe en El no tiene la primacía. Algunas corrientes de la tradición judeo-cristiana tratan de vover a El, santificando el máximo valor de la modernidad, el trabajo productivo: más de lo mismo.
Otra posibilidad es ver a Dios en otras culturas que lo tengan vivo. En el caso chileno podemos poner los ojos en nuestra cercana tradición mapuche. Hagamos el esfuerzo y démonos el gusto, de leer en voz alta, y así escuchar, un trozo de una larga oración cantada por una de tantas Machis, en el campo sagrado, de algún lugar del Sur de Chile, con motivo del Nguillatun que se celebra cada 4 años.
- “Vosotros que estáis y vivís en el cielo, vosotros nos criasteis y nos colocasteis en esta tierra, vosotros nos mantenéis la vida, nos conserváis con vuestra misericordia y bondad“.
Miradnos hoy día,desde la Altura donde estáis, para dirigir nuestros pasos y vigiladnos con nuestra poderosa mirada“
- “Por este motivo hoy dia arrepentidos hemos vuelto nuestra mirada hacia ti e iniciamos nuestros ruegos en este Campo Santo. Estamos de pie rogándote con todo nuestro corazón“.
“Estamos agradeciendo tus favores recibidos durante los 4 años y estamos cantando y alabándote con alegría y júbilo“.
“Estamos celebrando tu grandeza con cantos, llenos de entusiasmo, estamos alabándote con cantos y vítores; estamos cantando tu gloria y grandeza, oh Padre Poderoso, en este lugar Santo de alegría y dicha sin igual“.
(Al término de cada oración eleva la voz. Se oye una sola voz: oh, oh, oh …).
- “Hoy están reunidos, en este lugar santo, todos tus hijos, rogándote, implorándote, suplicándote para alcanzar el perdón y misericordia y así lograr la felicidad y gozar de paz, de alegría y de tranquilidad en esta tierra. Están rogándote para que les des siempre toda tu clase de cereales y animales en abundancia y toda clase de bienes espirituales, bendiciones y gracias para vivir en paz en este mundo“.
- “Hoy día iniciamos nuestra reunión de oración de súplicas, donde os pedimos, os rogamos, os suplicaremos y os imploraremos toda clase de favores“.
“Todas las peticiones acumuladas durante los 4 años que han pasado; hoy te manifestaremos todos los dolores y grandes aflicciones que hemos sufrido durante los 4 años que hemos esperado para exteriorizar públicamente, nuestras amarguras y angustias que hemos padecido.
Oh, oh, oh“.
- “Por eso, hoy día estamos nuevavente reunidos, en este santo lugar de oración, donde te suplicaremos, te imploraremos y arrodillados humildemente te rogaremos que atiendas todas nuestras necesidades espirituales y materiales. Padre nuestro“.
- “Señor, Padre del Alba, Madre del Alba, Hijo Joven del Alba y Doncella del Alba que estáis y vivís en el cielo. Vosotros nos alimentáis, nos vigiláis y nos dirigís desde el cielo; y ahora míranos benévolamente en este día de oración y escucha nuestro ruego; pues aquí te traemos como ofrendas nuestras, los frutos de nuestro trabajo para ofrecerte y para suplicarte, Oh, oh, oh“[10]
Un antropólogo chileno analizando la religiosidad mapuche dice: ésta nos propone “una divinidad que se manifiesta con igual grado de intensidad en los multiples espíritus ancestrales tutelares, paluku, en las fuerzas, newen, de la naturaleza, en la dualidad cuádruple del Señor y la Señora, del Joven y la Joven celestiales, o por último en la unidad de lo que maneja y rige a los hombres, Ngenechen“[11].
¿Es ajena esta vivencia religiosa a la tradición judeo-cristiana?, quizás en muchos aspectos más cercana que la europeo occidental. Algo así se puede sentir si leemos nuevamente con ojos sureños el Versículo 27 del Génesis “y creó Dios al hombre, a imagen del Dios los creó, varón y hembra los creó“. No será que la tradición cultural mapuche ha logrado ver y preservar una visión de Dios, que no vimos antes “a imagen de Dios los creó, varon y hembra los creó“ … ”A Dios nadie lo vio jamás; el unigénito hijo, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer”[12]
[1]Idem Ref. 1. Conferencia del Cardenal Raúl Silva Henríquez “El Alma de Chile”, dictada en el marco del Seminario “Bases para una Democracia estable en Chile”, organizado en forma conjunta por el Instituto Kellog de la Universidad de Notre Dame y CIEPLAN que tuvo lugar en el Colegio Saint George los días 6 y 7 de Marzo de 1986. Pág 29 – 34 – 62.
[2]Idem Ref. 1. Pág. 29.
[3]Tobit 5. 15.
[4]Mateo 7. 12.
[5]Idem Ref. 1. Pág. 46
[6]Génesis 1. 1.
[7]Génesis 1. 26.
[8]Génesis 1. 27.
[9]Citado por Rafael Echeverría en “El Buho de Minerva”. Programa PIIE. Academia de Humanismo Cristiano. Santiago de Chile. 1988. Pág. 55.
[10]Oración Mapuche. Martín Alonqueo. Instituciones religiosas del pueblo mapuche. Ediciones Nueva Universidad. Pág. 34 – 35.
[11]“Frente a una religión como la mapuche el cristianismo aspira, aún hoy, a reemplazar progresivamente una experiencia religiosa basada en la naturaleza como divina, por una basada en la persona de Cristo como hijo de dios (Bélec 1989, Págs. 20-21). Sin embargo, al igual que lo que vale para el concepto de dios, en una perspectiva intercultural, toda cristología debería previamente meditar el hecho de que se está también proponiendo el concepto de persona propio del occidente moderno, uno de cuyos aspectos más problemáticos y controvertidos es justamente el haberse desligado y desentendido de su entorno natural. La corriente central de la teología co-existe con el positivismo y el mecanicismos, una dudosa tolerancia resultado del criterio según el cual, en las palabras de Nicolás Berdiaev. ”Se prefiere un mundo sin dios a un mundo divino”. Un estado de cosas que lleva al lamento del poeta”.
* (Una de las consecuencias recientes de esta limitación se advierte en la indiferencia que hasta ahora muestra la Teología de la Liberación. Fuera de su parentesco ideológico con la noción de ”progreso en la historia” esto obedecería a un criterio propiamente teológico según el cual la naturaleza sería tan solo el tinglado pasivo sobre el que desarolla la acción divina que tiene por foco la salvación del hombre). J.C. Gumucio. Nutram, Nº 25. Pág. 17.
[12]Juan 1. 18.



