El pasado Chileno Mapuche

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UNA MIRADA DEL PASADO CHILENO – MAPUCHE

 

Miguel Angel Solar Silva

Temuco 1992.

         Si un escolar de tercero medio toma el libro de Historia de Chile de la Editorial Universitaria, podrá leer en el capítulo escrito por Osvaldo Silva Galdames.[1]

“En Chile, según testimonios arqueológicos, el hombre vivía hacia el año 10.000 a.c. en la región andina de Antofagasta; alrededor del 9000 a.c. en San Vicente de Tagua-Tagua y entre el 9000 y 8000 a.c. en Tierra del Fuego“.[2]

Más adelante nuestro historiador cuenta que, en el Siglo XV, en la zona Norte “los Atacameños y Diaguitas alcanzaban a 81.000 individuos“ (…) “desde Aconcagua a Chiloé vivían  poco más de 1.000.000 personas (…)“  “más al Sur, en el desolado pasaje de archipiélagos y pampas (…) canoeros y pedestres apenas superaban los 10.000 individuos“.[3]

Ahora bien, si nuestro escolar pregunta por ese millón de indígenas que vivían en el Centro  Sur de Chile, “desde Aconcagua a Chiloé“ el libro dice: “los relatos históricos (…) indican que desde Aconcagua a la Isla de  Chiloé las poblaciones hablaban una misma lengua, el araucano. Incluso acostumbraban llamarse a sí mismos mapuches o gente de la tierra“.[4]

Si las interrogantes apuntan ahora, a ¿qué pasaba en chile cuando finalizaba el Siglo XV y el mundo se acercaba a 1492,  Silva Galdames nos dice: “Pachacutti Inca Yupanqui (1438-1563) inició la expansión incaica, incorporando los territorios vecinos al Cuzco; luego su hijo, Topa Inca Yupanqui, primero como general y más tarde como emperador (1471-1493) se apoderó del resto del Perú, Ecuador y hasta Quito y Chile hasta el río Maule“ (…) “De acuerdo a la situación de Chile,  los Incas encontraron mayor o menor oposición a sus intentos de conquista. Atacameños y Diaguitas, las tribus más evolucionas, poseían una jerarquía política a la que de alguna manera debían tributar. Constituían poblados fijos y tenían sistemas agrícolas con explotación intensiva de la tierra y utilización de medios artificales de irrigación. Estaban capacitados para aceptar innovaciones que aportaba el imperio y no tardaron en reconocer la superioridad y soberbia del vencedor“[5].  Permítaseme un comentario al párrafo anterior con un matíz de disentimiento.  Poseer  “una jerarquía política a la cual (…) tributar“  no constituye obligadamente un signo de evolución social, sino un producto de la pobreza que junto con hacer indispensable “la explotación intensiva de la tierra y la utilización de medios artificiales de irrigación“, hace necesario la generación de una casta o estrato que administre las obras de riego y la escasez de tierras.

Y en ese mismo tiempo, en cambio ¿qué sucedía con los Mapuches?. Hubo diferencias entre dos zonas:  “Los Picunches (entre el río Aconcagua y Maule), tribus que a pesar de los contactos con los diaguitas conservan mucha de las tradiciones de banda, presentaron más resistencia.  Fueron  sometidos pero no vencidos.  Los incas para asegurar su dominio, debieron instalar una colonia de mitimaes en el valle del Aconcagua, constituida por un grupo trasladado desde Arequipa, probablemente fiel, a fin de ahogar cualquier intento subversivo y de encaminar a los  nativos en el proceso de adaptación a las nuevas condiciones culturales“[6].  Otra cosa sucedía con  los indígenas al Sur del Maule, estos rechazaron militarmente la invasión  incásica por razones económico-sociales y políticas.  La abundancia de la tierra agrícola y las largas temporadas de  lluvias hacían fútiles los inventos incásicos. Dichas condiciones de riqueza geográfica, además,  habían contribuido, a generar una sociabilidad donde  “no concebían la sujeción a un poder central y no había la palabra  tributo ni el concepto de conquistado“[7].  Silva Galdames lo dice así:  “Disponiendo de vastas superficies para sembrar, la tierra no tuvo valor y no se preocuparon por establecer o ejercer derechos de propiedad, salvo cuando estaban sembradas. De este modo nadie pudo disponer del monopolio en el usufructo de las riquezas básicas o emprender costosas construcciones hidráulicas, innecesarias en una región lluviosa.  Tales circunstancias conspiraron en contra de la estratificación (…) de una sociedad que, por su estructura sociopolítica, estuvo más cerca del nivel de banda que del de tribu“[8].  Más bien podria decirse, que “tales condiciones“ geográficas y sociales de los indígenas que vivían al Sur del Maule favorecieron un igualitarismo y conspiraron contra la estratificación y el señorialismo que se impuso al norte de ellos.

Es así que a fines del Siglo XV, cuando Colón llegaba por primera vez al Caribe, la mitad norte de Chile estaba sometida al dominio reciente del Imperio Incásico, pero éste, había sido adoptado con mayor facilidad, por Atacameños y Diaguitas y con cierto rechazo por los Mapuches del Norte o Picunches.  La  resistencia de estos últimos, también se va a manifestar en contra  de los españoles, que guiados y acompañados por el hermano del Inca, “ el Principe Puallo Yupa“[9], llegaron por primera vez a Chile en 1536, la misma durará hasta que los hombres de Valdivia se liberen del dominio peruano, pero éste es el cuento de Michimalonco.

En 1536, llega Diego de Almagro a Chile, quien ya poderoso en Perú, asume que la “nueva conquista….su gloria se reflejaría sobre el heredero de su nombre, el hijo que había tenido en la india panameña, Ana María Martínez, en el cual se había concentrado el cariño de su alma sedienta de afectos[10].[11]

Almagro  no persevera en Chile y vuelve a morir al Perú, ajusticiado, después de perder la batalla de Las Salinas en 1538, a manos de Gonzalo y Hernando de Pizarro, teniendo estos últimos como uno de sus oficiales a Pedro de Valdivia.

Pedro de Valdivia, mandado por Pizarro, llega al valle Mapocho el 12 de Febrero de 1541, funda un caserío llamado Santiago, con el apoyo de lugareños que “cooperaron en la construcción de las habitaciones, la iglesia, el cuartel y los demás edificios“[12], los soldados españoles eran sólo “150“[13].

Como venía una sola mujer y ésta era concubina del jefe, seguramente estos soldados hicieron una o más “compañeras“ inmediatamente, y al cabo de un año empezaban a nacer hijos por doquier, ingresaban así genes españoles, a la milenaria matriz indígena.

Pero al parecer no todos los valles querían recibir a Valdivia, pues en la primavera de 1541, cuando Don Pedro  “llegaba al valle de Aconcagua, Michimalonco, Cacique principal del valle de Chile, tendió diversas emboscadas a los expedicionarios“[14].

En Agosto de 1541, Valdivia mandó construir en Concón, un barco para ir al Perú.  Ese mismo mes “los Caciques Tangalongo y Chigaimanca“ (…)  “quemaron el bergantín y mataron a 12 ó 13 españoles“[15]. Estando Concón en la desembocadura del río Aconcagua, es seguro que el gran Cacique de ese valle, Michimalonco, estaba relacionado con ese hecho.  Por lo demás, un mes después, el 11 de Septiembre de ese mismo año, se produce el asalto a Santiago y su  incendio[16],[17].  Michimalonco, comanda las fuerzas indígenas.

Valdivia sabía que su fueza dependía de mantener expedita su comunicación con Perú, no sólo por la posibilidad de tener apoyos militares, sino para manifestar el principal papel que le  podía conseguir aliados en el pueblo mapuche, representar a la Europa en expansión, expresada en España, primera potencia europea en el Siglo XVI.  El sería respetado en la medida que fuese embajador y ello le obligaba a comunicarse con Perú por tierra o por mar.  Los años 1545, 1546 y 1547, Valdivia y los suyos exploraron por mar el territorio  y  seguramente consolidan su posición en Santiago, pero al llegar los últimos meses de 1547,  Valdivia con el oro de sus compañeros, viaja al Perú, donde contribuye  a derrotar a los pizarristas alzados contra el rey de España; transcurre el año1548. Después de algunos inconvenientes, el enviado del rey de España, La Gascá, nombra a Valdivia “Gobernador y Capitán General de las provincias de Chile“[18], ahora éste volverá a Chile, ya no como enviado de los que mandaban en el Perú, sean  éstos  almagristas o pizarristas, aliados de fracciones incas, sino como  “gobernador nombrado por el rey“[19]. La cúpula española-chilena logra independizarse de los españoles-peruanos y depender de un poder más lejano, el monarca español; un progreso para el Chile central, antes dominado por los Incas y ahora subordinado a la nación más avanzada de la Europa en expansión.

La vuelta de Valdivia, libre  de la tutela peruana y ligado a un lejano monarca, cambia la mirada de los indígenas chilenos, al menos de los del centro, sobre el puñado de españoles.  Noticias de este viraje las tendremos en medio de un viaje al Sur, escuchemos a Encina: “Los  preparativos de la expedición estaban ya muy adelantados, cuando el 8 de Septiembre de 1549,  el caballo de Valdivia cayó mientras evolucionaba con sus soldados. Valdivia se fracturó un pie  y sobrevinieron complicaciones graves que le tuvieron entre la vida y la muerte pero, como en  Arequipa, venció su robusta naturaleza.  Desde la cama, prosiguió febrilmente los preparativos“ (…) “A principios de Enero  de 1550, partió la expedición, pertrechada para una larga campaña, que incluía la probabilidad de invernar en el Sur. Se componía de 200 españoles de a caballo y de  a pie, con numerosos indios auxiliares“ (…)  “El gobernador que aún no podía sostenerse en pie, iba en una silla de mano llevado por indios“ (…)  “En veinte días llegó Valdivia a los márgenes del Itata sin encontrar resistencia.  Desde allí  devolvió a los Yanaconas y a los indios pacíficos, que  labraban la tierra y extraían oro.  La expedición quedó formada por los españoles y los indios de  guerra de Maule al Norte, comandados en jefe por el Cacique Michimalonco, ahora aliado de los españoles“[20].  ¡Tremenda noticia!, Michimalonco, gran Cacique del Valle de Aconcagua, responsable del incendio y destrucción de Santiago el 11 de Septiembre de 1541; seguramente cómplice de la  matanza de Concón.  Michimalonco, el propio, aparece ahora aliado de un Valdivia convaleciente y en silla de mano.  Cuando  Valdivia avanzaba hacia el Sur en estas condiciones, es difícil pensar que va acompañado de indios auxiliares con el encargo de llevar bultos sobre sus cabezas, son como el mismo Encina lo dice: “Indios de Guerra del Maule al Norte, comandados en jefe por el Cacique Michimalonco“.  A raíz de la Batalla de Andalién donde lucharon unidos Michimalonco y Valdivia, Encina dice:  “Ya en esa batalla tomó la Guerra de Arauco una fisonomía que sólo se eclipsó por momentos, la de una guerra entre indígenas chincha – chilenos (así le llamaba Encina a los Picunches que hablaban Mapuche), más tarde auxiliados por facciones Mapuches disidentes capitaneados por españoles; y el grueso del pueblo mapuche, capitaneados por sus caciques, y más tarde también por mestizos y por desertores españoles“[21].

Michimalonco y Valdivia aliados, “numerosos escuadrones“ más 200 españoles han llegado a un acuerdo que no conocemos y que Encina no explica.  Se inicia la guerra, Mapuches del Norte o Pincunches contra Mapuches del sur; los primeros subordinados a España y a Europa, como le sucedió al mundo entero en los cuatro siglos venideros, los segundos manteniendo la autonomía. ¿Cuál fue el acuerdo entre Valdivia y Michimalonco que los transformo de enemigos en  amigos? ¿Cuál fue el negocio que los hizo socios? Seguramente el negocio de los próximos  siglos, la encomienda y el régimen político señorial que de ella se sigue, todo con su estado burocrático correspondiente. Dicho acuerdo no tuvo legitimidad para los Mapuches del Sur y en las Batallas de Andalién, Tucapel, Curalaba, etc, lo demostratron; el Rey de España, reconoció ese rechazo en el parlamento de Quilín (1641).

Tendrán que pasar muchos años para que los herederos de Michimalonco y de Valdivia, los O`Higgins, los Rodriguez, los Carreras, levanten nuevamente las banderas de la autonomía  nacional y conquisten la independencia chilena; ella abrirá las puertas para la progresiva extinción del régimen señorial y de abolición de la esclavitud y el inquilinaje; dando paso así, a una sociabilidad que, con cualquiera denominación, permita la libre relación entre las personas, las familias y las comunidades, una sociabilidad en que todos sean señores. Cuando la tarea anterior llegue a su consumación se producirá la plena unión de las dos mitades de Chile separadas hace más  de 5 siglos. Hoy se levanta una fuerte esperanza para que ello suceda. Por una parte, nuestros indígenas mapuches se pasean orgullosos por todo el territorio y sienten suficiente confianza para  lidiar sus  reivindicaciones históricas dentro de las reglas políticas del estado nacional; y por otra,  los chilenos no mapuches empiezan a reconocer su raíz indígena y  a valorar que la gran ventaja comparativa, en el mundo abierto que  habitamos, está en los valores culturales originales y únicos de cada pueblo, en sus rasgos espirituales.  Nuestra riqueza nacional no sólo es la acumulada en  suelos, montañas y aguas, sino,  aquella almacenada en el Alma de Chile durante milenios de habitar esta tierra.

[1]Capítulo  “Prehistoria”  de Osvaldo Silva Galdames en  Historia de Chile.  Editorial Universitaria, Edición, 1974.

[2]Capítulo  “Prehistoria” de Osvaldo Silva  Galdames  en Historia de Chile.  Editorial Universitaria.  la.  Edición, 1974. Pág. 6.

[3]Capítulo  “Prehistoria” de Osvaldo Silva  Galdames  en Historia de Chile.  Editorial Universitaria.  la.  Edición, 1974. Pág. 70

[4]Capítulo  “Prehistoria” de Osvaldo Silva  Galdames  en Historia de Chile.  Editorial Universitaria.  la.  Edición, 1974. Pág. 49.

[5]Capítulo  “Prehistoria” de Osvaldo Silva  Galdames  en Historia de Chile.  Editorial Universitaria.  la.  Edición, 1974. Págs. 66  –  68.

[6]Capítulo  “Prehistoria” de Osvaldo Silva  Galdames  en Historia de Chile.  Editorial Universitaria.  la.  Edición, 1974. Págs. 68  –  69.

[7]Capítulo  “Prehistoria” de Osvaldo Silva  Galdames  en Historia de Chile.  Editorial Universitaria.  la.  Edición, 1974. Pág. 69.

[8]Capítulo  “Prehistoria” de Osvaldo Silva  Galdames  en Historia de Chile.  Editorial Universitaria.  la.  Edición, 1974. Pág. 55.

[9]Encina, Historia de Chile, Edición Revista VEA.  Tomo 1.  Pág. 97.

[10]Encina, Historia de Chile.  Edición Revista VEA. Tomo 1.  Pag.  96  –  97.

[11]Otro caso muy extremo de pareja nativa, es el de Francisco Pizarro que al llegar al Perú se relacionó y tuvo hijos con la princesa Inés Huaillas Tupanqui, hija del Inca Huaina Capac y por ende hermana de Huáscar y Atahualpa.  Este “matrimonio”, se puede sospechar, hizo de Francisco Pizarro un principe consorte de la Corte Inca en crisis y le llevó a servir a la fracción de su compañera, y madre de sus hijos, en las luchas cortesanas y civiles, luchas que debieron tener como ingrediente clave la relación con Europa.  Francisco Frías Valenzuela, Manual de Historia de Chile.  Edit. Nacimiento.  Segunda Edición. 1969. Pág.  96.

[12]Encina, Historia de Chile.  Edición Revista VEA.  Tomo 1. Pág. 130.

[13]Encina, Historia de Chile.  Edición Revista VEA. Tomo 1. Pág. 125.

[14]Encina, Historia de Chile.  Edición Revista VEA.  Tomo 1. Pág. 125.

[15]Encina, Historia de Chile.  Edición Revista VEA.  Tomo 1. Pág. 136.

[16]Francisco Frías Valenzuela, Manual de Historia de Chile.  Edit. Nacimiento.  Segunda  Edición.  1969.  Pág 95.

[17]Este Michimalonco fuera de ser Cacique principal, era hombre bien informado, ya que sabía, dos meses antes de acaecer,  el asesinato en el Perú de Francisco Pizarro, el 26 de Junio de 1941, tal como nos cuenta Encina cuando dice: “a fines del mes  de mayo de 1941, se aprehendió a dos indios que decían bravas. Se les dio tormento y confesaron que la noticia del asesinato de Pizarro la había recibido Michimalonco por medio de emisarios enviados a Copiapó por los Caciques de este valle, quienes le habían recibido de los de Atacama”  (Encina, Historia de Chile.  Edición Revista VEA.  Tomo  1. Pág. 132).  Como se ve,  Michimalonco contaba con servicios de  comunicación y de mucha anticipación..  “El asesinato de Pizarro sólo se supo en Santiago en Septiembre de 1943  (…) con dos años de retraso”  (Encina, Historia de Chile.  Edición Revista VEA.  Tomo 1. Pág. 142.

[18]Encina, Historia de Chile.  Edición Revista VEA.  TOMO  1.  Pág.  173.

inteligencia política que le permitía conocer el complot contra Pizarro con

[19]Encina, Historia de Chile.  Edición Revista VEA.  TOMO  1.  Pág.  175.

[20]Encina, Historia de Chile.  Edición Revista VEA.  TOMO  1.  Pág.  177  –  178.

[21]Encina, Historia de Chile.  Edición Revista VEA.  TOMO  1.  Pág.  180.


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