DEFENSA DE LA FIEBRE, LA FLEMA Y LA TOS

No Tags | Gripe por Corona Virus: No baje la fiebre

Dr. Miguel Angel Solar Silva.   1992

                       Las complicaciones derivadas de las virosis respiratorias es el primer motivo de  consulta externa.  Por eso, un buen  manejo casero del cuadro es una meta  importante para la  Atención Primaria.

                        ¿Cuál es el problema?  No se pueden suprimir las virosis respiratorias (VR), pero si evitar que se compliquen.

 

                        La virosis respiratoria y sus complicaciones son la enfermedad más  común, después de la caries y es el primer  motivo de consulta interna, la segunda causa de hospitalización en lactantes y la segunda causa de mortalidad en lactantes y preescolares (Meneghello, 3ª ed., págs. 714 – 715).  El problema de las virosis respiratorias, es evitar que  se compliquen; y como la gran mayoría evoluciona en el medio familiar sometidas al manejo del sistema de medicina casera, allí se debe intervenir.

                        La virosis respiratoria es una enfermedad que no depende de  condiciones ambientales, el número  de episodios anuales por niños es más o  menos  igual en sociedades  desarrolladas y no desarrolladas, y más aún,  a más hábitos urbano, como son los  jardines infantiles, aumenta la  frecuencia; la mayorías no son prevenibles con vacunas, su evolución en su gran mayoría  es autolimitada y benigna.  Debido a lo anterior, lo único que se puede hacer  es manejarlas de tal modo que no  se compliquen; ese es el problema.

Fundamentos fisopatológicos clínicos de la conducta adecuada.

                        La virosis respiratoria se caracteriza por un complejo sintomático que representa la reacción del organismo ante la infección viral y cuyo despliegue es la causa de la autolimitación de la infección.  Los síntomas muchas veces pueden ser molestos, pero ello  no significan que sean inútiles para el fin antiviral y preventor de la  complicación bacteriana, sin dejar de reconocer que algunas reacciones puedan modularse para evitar efectos no benéficos.  La conducta ante la virosis respiratoria es de apoyo y no antisintomático.  Veamos en detalle como  apoyar y respetar los síntomas que mejoran.

                        Las secreciones nasales de la VR, contienen lisozima, IGA, ferritina, leucocitos y macrófagos y por ende limitan al virus, impiden la sobreinfección bacteriana y son eliminadas por el estornudo.  Ante el síntoma de romadizo, sólo cabría ayudar a la  evacuación de las secreciones (si no hubiese estornudo), mediante la extracción de las mucosidades ablandadas con suero salino casero,  extracción de moco con sonada externa o perita.  La obstrucción nasal y la consiguiente respiración bucal lleva aire no filtrado a los bronquios irritándolos o contaminándolos.  El uso de descongestionantes o antihistamínicos, locales o sintomáticos, estaría contraindicado y más bien contribuiría a la complicación de la VR por disminuir las defensas, al disminuir las secreciones.

                        La congestión  faríngea y amigdaliana es una reacción inflamatoria de defensa frente a la invación viral. Usar antinflamatorios para combatir la odinofagia sería contraproducente y solo tendría  sentido calmar el dolor con medidas locales (hielo, helados, anestesia)  sin olvidar que la odinofagia es muchas veces un fenómeno pasajero de horas. El uso de la Penicilina Benzatina para la congestión faríngea se ha extendido al ámbito de la automedicación como  una imitación de su uso en la consulta de APS; ello no tendría indicación lógica, salvo por la duda de amigdalitis estreptocósica, indicación dudosa, más aún en el menor de 6 años, donde generalmente se usa, ya que este grupo etareo casi no tiene fiebre reumática. El  uso excesivo de PBZ  para cuadros virales ha creado un nuevo cuadro en la consulta de Atención Primaria, la neumonía a medio tratar con Penicilina a sub-dosis.

                        La laringitis viral es un cuadro que en su gran mayoría sólo presenta estridor (Grado1) y que solo  debería ser tratada con vapor  con eucaliptus y no tiene indicación de esteroides.    Las laringitis  con tiraje y signología más grave por la obstrucción laríngea tendrían indicación de hospitalización y esto lo debería saber la madre, ya que es ella la que generalmente debe tomar la decisión de salir de madrugada a buscar ayuda en el hospital; en esa sitiación cabe la indicación de adrenalina racemica o de esteroides para evitar el traqueostomía y para evitaer el riesgo de sobreinfecciin bacteriana administrar antibiótico-terapia profiláctica .

                        La tos es un reflejo protector y auxiliar de la dinámica bronquiomuco-ciliar y en la mayoría de las virosis respiratorias actúan como el mecanismo de evacuación de las secreciones bronquiales, las cuales también tienen lisozima, IgA, leucocitos, macrófagos.  Si  esto es así, la tos debe respetarse y sólo ayudar mediante la adecuada hidratación para la  fluidez de las secreciones; el uso de expectorantes (bromexina) es sólo útil comprobadamente en secreciones ligosas de la bronquitis aguda.  Las únicas toses que tendrían tratamiento serían: las de la obstrucción bronquial,  casos en los cuales la dinámica  bronquial estaría mal modulada por hiperactividad y por ende la B2 agonista tendría plena indicación; también la tos seca no productiva que muchas veces se debe  a irritación de la faringe por el aire inspirado por boca y donde  la tradición de medicina casera usa  miel con limón y donde el médico usa antitusígenos sedantes.

                        La fiebre ha sido el más combatido de los síntomas de la VR.  El libro de  Meneghello dice en su página 479 de la  tercera edición “teóricamente la fiebre ni debería bajarse, porque probablemente es ella misma la que autoelimina muchas veces infecciones, sobre todo  víricas”.  Anteriormente el mismo libro  dice: (…) para el médico, la fiebre es  en primer lugar una voz de alerta de la existencia de enfermedad(…) señal de  buen pronóstico en muchas enfermedades  y seguramente real agente terapéutico en otras.  No se ha podido demostrar que la fiebre aún alta, sea  capaz de dañar ningún tejido”.

                        En un artículo de la Revista de Pediatría Norteamericana (Kluger M.., I. Pediatrics, 1980,66:720-724) se  plantea que en la fiebre “muchos componentes de las respuestas inespecíficas del  huésped a la infeción tales como la movilidad leucocitaria, transformación del linfocito y efectos del interferón,  parecen estar relacionadas con la  elevación de temperatura que corresponde a la fiebre moderada” y  anteriormente dice que “estudios con  animales infectados con bacterias y  virus han demostrado, que las fiebres moderadas elevan las tasas  de sobrevida”.

                        Para los autores anteriores, la fiebre no sería un enemigo, sino un estimulador de las defensas. Por lo demás con sus calofrios el organismo hace un gran esfuerzo para producirla.  Sin embargo algunos la combaten no por considerarla  dañina sino porque supuestamente quieren evitar la convulsión febril.  Esta última razón sería poco plausible, ya que  la convulsión febril afecta a solo un 4 % de los niños entre 6 meses y 5 años y podría ser excesivo tratar al 96% restantes para evitar lo que solo le  pasa a un 4%;  pero más aún se puede agregar, citando a Meneghello (página 479 de la misma edición): “la fiebre es capaz de dar (sobre todo en el ascenso inicial), convulsiones simples en los  niños susceptibles a ellas, pero las  convulsiones simples no son peligrosas, sencillamente porque, por  definición, son fugaces y además no es usual  que se repitan en la misma enfermedad”.  Si las convulsiones febriles se  producen sobre todo en el ascenso inicial no tendría sentido bajar la fiebre para que no se produzca la convulsión,  si la fiebre está alta, la convulsión no se  produjo, y sí bajó, se corre el riesgo de que vuelva a subir y allí sí tener una nueva convulsión.

                        A los datos bibliográficos debemos agregar, en defensa de la fiebre, una  reflexión de sentido común  y que las  madres entienden con toda facilidad.  El paciente con fiebre sufre  un  decaimiento y en el caso del niño éste  busca espontáneamente el reposo, incluso en cama, lo cual es un hecho  favorable para la enfermedad; si  bajamos la fiebre provocamos una falsa  sensación de mejoría y de bienestar, falsa pues el atipirético no es antiviral, sino  – según Kluger –  proviral, y  el paciente tiende a estar levantado y si  es niño a salir al patio, corriendo por ende  los riesgos de la complicación  bacteriana.

                        La única razón para bajar la fiebre sería la de disminuir  el malestar  general que la acompaña, pero citando la  misma página 479 del Meneghello,  debemos decir: ” es bien sabido que los  niños toleran en este sentido mucho  mejor la fiebre que los adultos y son  estos, basados en experiencia personal,  quienes reclaman al médico que se le  trate la fiebre al niño”.

                        La fiebre peligrosa o Hipertemia (sobre 41,5º) se da sólo en niños  deshidratados que no tienen agua para  eliminar calor y en los adultos  con daño  neurológico agudo del centro  termo regulador que les impide  manejar la fiebre.

                        La conducta ante la fiebre debiera ser de respeto  y hidratación; en el caso de malestar, ventilar y, si hay malestar, ayudar a transpirar con agua “quitada del hielo” sobre la piel. En clínica médica siempre se ha considerado prudente respetar el signo  temperatura para poder observar la  evolución de la enfermedad.  En el caso  de la fiebre de las virosis respiratoria esto es aún más importante, pues en el  curso de la enfermedad la temperatura  tenderá a descender espontáneamente,  si la evolución es normal; un curso  descendente interrumpido por una  alza es una señal importante de la  aparición de una complicación bacteriana, como es la bronconeumonía, que  requiere un cambio de conducta.  Si  estamos usando antipiréticos, vamos  a perder un signo de complicación.

                        Respetar la fiebre como mecanismo de defensa y signo clave en la  observación, bajarla sólo con medidas  naturales como la hidratación, la  ventilación y los paños húmedos cuando esta moleste, es la conducta  adecuada por parte de la familia o el  médico general.  Lograr la aceptación  de esta conducta hace  necesario  una  labor educativa intensa y, tal vez, la  realización de investigaciones clínicas que hagan más nítido la importancia  de respetar la fiebre.

Nota: edición escrito en 1992 pero revisado y corregido,  el 10 de Abril del 2020.

 


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